Bajo una mente atormentada,
Una humilde figura errante.
Que hace poco descansaba,
Se levanta deliberante,
A contemplar la noche estrellada.
Vaga perdido y sin rumbo,
En una noche perlada.
Dejando sólo tras su marcha,
Sus pensamientos profundos
Y una cómoda almohada
En su caminar se encuentra:
Luciérnagas de metal.
Que le ayudan a guiarse entre la niebla,
Dejando por fin atrás,
La fría jungla de piedra.
Cometas con picos y plumas.
Que de manera accidental,
Le cantan la ubicación,
De un suave lecho de tierra.
Oculto bajo la luna.
Y Rocío,
Le rocía con su mano,
Bajo un amanecer aciano.
Separando abruptamente ,
El final de noche y día.
Y no es cosa rara,
Pues el velo que le ampara,
Desaparece inmediato.
Acabando mi relato
De una noche vacía.
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